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Saber mirar una restauración. Aspectos a tener en cuenta.

En mi último artículo publicado contesté a algunas preguntas que me hacíais con respecto al mundo de la Conservación y Restauración del Patrimonio, entre ellas, había cuestiones dirigidas a los distintos procesos y cómo iban evolucionando a lo largo de una intervención para poder ver la obra restaurada, recuperada de todos esos daños que la podían hacer desaparecer. En el artículo de este mes voy a desarrollar más el tema de cómo son los procesos de restauración, cómo entender una intervención. Un tema que a muchos de vosotros os ha causado mucha curiosidad. Sin más me dispongo a contaros.

Los distintos pasos a seguir en la intervención de una obra están sujetos por una serie de premisas, criterios que tenemos que tener en cuenta y llevar a cabo los que estamos profesionalmente formados para desarrollar esta labor. En una intervención nada se deja a la improvisación. Los estudios iniciales son muy importantes para desarrollar después correctamente el tratamiento que se le ha sido adjudicado a la obra. En otras palabras, cada obra es un mundo, al igual que las personas, cada una tiene unas características distintas, por lo que un estudio previo siempre es necesario.

La primera toma de contacto nos hace a los restauradores saber a lo que nos enfrentamos. Es muy importante porque es donde analizamos las primeras impresiones y vemos qué problemas tendremos que asumir. Ya en esta primera parte fotografiamos, preguntamos a propietarios, y anotamos los primeros datos, que después, nos servirán para completar la documentación que se comienza a formar.

En todo momento hay que ir documentando cada paso, cada información que se nos aporte, ya sea de ubicaciones anteriores de la obra, o de intervenciones de restauración que haya tenido. Muchas de estas intervenciones fueron realizadas por personal no cualificado, por lo que le han aportado daños extra a la obra que habrá que tener en cuenta para solucionarlos. La documentación debe ser tanto informativa a nivel textual, como visual, a nivel de imagen.

Los estudios previos son un abanico muy completo de datos, que en consecuencia de lo que la obra nos exija habrá que realizarlos al completo, o no. En este caso, muchas de las obras nos exigen llegar a conclusiones más exactas, por lo que las pruebas que hay que realizar cuentan con profesionales de asistencia médica, como son los radiólogos.  A través de rayos X, como las radiografías, nos pueden aportar datos más exactos del tipo de daño que estamos buscando y que a simple vista es imposible de afirmar.

Otros estudios son los ultravioleta que nos deja ver los barnices y repintes que se encuentran en la superficie de la obra, y que con diferencia de los pigmentos originales, emiten unas fluorescencias que nos indican que se encuentran ahí localizados. También nos permite identificar cierta composición de algunos pigmentos aunque sean originales, como es el caso del plomo. Un elemento tóxico que se puede encontrar en algunos pigmentos más antiguos, y que en este caso nos aportaría datos con respecto a la fecha de ejecución de la obra, si no se supiera o se tuviera dudas.

En muchas ocasiones es necesario valorar las limpiezas con anterioridad, esto es, realizar algunas pruebas con el test de disolventes, para saber ante qué clase de materiales vamos a tener que trabajar. Más adelante os explicaré cómo se realizan estas pruebas de limpieza.

Una vez que se determina el tratamiento y todos los procesos que se van a llevar a cabo, se comienza partiendo siempre del consenso con el o los propietarios de la obra. Los criterios a seguir siempre tienen que responder a las siguientes definiciones: respeto a la obra original, reversibilidad de la intervención y discernibilidad de las técnicas.

Esto es para lo que se nos forma, para lo que es necesario ser personal cualificado, y llevarlo a la práctica. Los criterios hay que tenerlos muy en cuenta y evitar la impronta de dejar esa marca artística, que es lo que no se debe hacer en estos casos.

El respeto tiene que primar por encima de todo. El original es el alma que no hay que perder, y por lo tanto no se debe tocar. Hay que limitarse a las pérdidas, que pueden ser tanto estructurales, como estéticas. Las intervenciones deben ser reversibles. Los materiales que usamos en cada caso para recuperar lo anterior comentado, siempre tienen que poder ser eliminados con facilidad, en el caso de que en un tiempo la obra tenga que ser de nuevo tratada. No deben añadir daños ni dificultad a la hora de ser sustituidos. Además, las técnicas cromáticas que se usen, para la recuperación del color deben de ser discernibles, deben de diferenciarse de la técnica original.  

Teniendo en cuenta estos aspectos, que son los más  importantes a tener en mente a la hora de dictaminar unos procesos, se puede desarrollar la metodología a seguir durante toda la intervención. Es cierto que se debe de tener siempre ese margen por si hubiera algo que se va añadiendo más al proceso y que no se había podido anticipar. Suelen ser casos que sobre la marcha pueden ser resueltos y que no causan más problemas.

Como podéis ir viendo, el hecho de realizar una restauración depende de muchas más cosas que el simple hecho de ponerse manos a la obra sin conocimientos ni formación cualificada previa. Todo debe de estar sujeto y bien planificado y estudiado, antes de llegar a tocar la obra en cuestión.

La metodología de intervención nos marcará los pasos a seguir y con ella comenzaremos a intervenir la obra, que poco a poco irá recuperando tanto su estabilidad a nivel estructural, como su composición estilística.

Otro de los problemas que nos encontramos y que son el núcleo de muchas de las controversias, es el de no tener información original con respecto a cómo estaba constituida la obra. En este caso, los profesionales de la restauración estamos obligados a dejar el hueco, intentando a lo sumo matizar con tintas planas la pérdida. Esto es muy controvertido a nivel exterior, es decir, fuera de nuestra profesión, para el resto de la sociedad, que son los que lo van a disfrutar. Es necesario, y todo esto incluye una larga lucha de visiones, educar a las personas en este hecho en concreto. No es conveniente inventar una composición, que ya implica formas y colores, y rehacer de manera imaginativa lo que ahí pudo haber y que ahora falta. Lo perdido se perdió por alguna razón, ya sea olvido, descuido, o incidente, y tenemos que aprender a verlo, y asumir que las obras, al igual que las personas, tienen una vida y que igualmente son perecederas. Esa pérdida nos puede enseñar a valorar, hay que conservar lo que se tiene. Muchas veces una vez perdido, no se puede recuperar, por mucho que nos empeñemos. Y si así se hiciera, no sería la misma obra que fue en su origen, tanto por composición, como por época, y pasaría a ser una obra contemporánea. Estaríamos hablando de una pérdida de valores.

La limpieza, otro tema que os ha causado mucha curiosidad, es uno de los principales procesos por los que pasa una obra durante su restauración. Una de las mayores preguntas que me habéis hecho en relación a este tema, es la de la elección de disolventes. ¿Cómo dar con el disolvente o disolventes adecuados para que este proceso se lleve correctamente, y la obra original no sufra daños? Pues bien, esto se realiza con un estudio previo realizado a través de un test de disolventes, que va a determinar cuál sería la composición correcta. Los disolventes a utilizar son específicos para estos fines, el saber utilizarlos es importante, no suelen ser los disolventes al uso común. Todo comienza por unas pruebas con disolventes de menos a más penetrantes, de igual manera, de menos a más reactivos, y nos quedamos en el término medio en el que la suciedad o repinte desaparece, pero el original no se daña. Hay que recordar que las obras están conformadas por capas, cada capa es un estrato distinto y lo que hacemos con estas limpiezas es ir eliminando el estrato alterado, como un barniz oxidado, y dejando ver los estratos subyacentes que nos muestran las capas de color.  

Estos disolventes específicos están compuestos para diluir grasas, normalmente para disolver las que componen barnices. El tratamiento de limpieza es ir capa a capa, sin alterar nunca la siguiente. Por todo esto el proceso es exhaustivo y minucioso, es el proceso más largo de una intervención, seguido de la reintegración del color.

Con toda esta información, se puede vislumbrar la formación específica que hay que tener en ciertos campos. Frente a lo que se pueda pensar, la restauración es un campo muy científico. La magia de todo esto es que tiene un amplio baremo que puede oscilar de lo científico a lo espiritual, ya comentado anteriormente en algunos de mis artículos, conviviendo ambas partes en equidad de valores. Todos tenemos cabida, y os invito a ello para aprender cosas curiosas, de una profesión que por lo general y hasta no hace tanto tiempo, era completamente anónima.

Natividad Poza Poza. Conservadora y Restauradora de Bienes Culturales.  

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