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El síndrome de la impostora

Decía Rosalyn Yalow (física estadounidense), que “en un futuro inmediato, no podemos esperar que todas las mujeres que persigan un objetivo, consigan igualdad de oportunidades” pero que “si las mujeres comenzamos a perseguir ese objetivo, debemos creer en nosotras mismas porque nadie más lo hará”. Y en base a esta cita voy a articular la publicación de hoy. No sé si habéis oído hablar del Síndrome del impostor. Se trata de un problema psicológico en el que el paciente es incapaz de reconocer y sentirse orgulloso de sus propios logros, lo que lleva a un circuito de ansiedad y miedo por ser descubierto, porque la gente se acabe dando cuenta de que realmente es una persona mentirosa. Y yo vengo a hablar del síndrome de la impostorA, que es lo mismo pero siendo más recurrente en las mujeres. 

El Síndrome de la impostora: ¿por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas? es un libro de la editorial península, escrito por la periodista Elisabeth Cadoche y la psicoterapeuta Anne de Montarlot, publicado en febrero de 2021, y que ahonda en las causas de por qué este problema psicológico es más frecuente en mujeres, poniendo ejemplos de grandes líderes del mundo como Michelle Obama o Angela Merkel, a la vez que ofrece herramientas para aprender a creer en nosotras mismas. El libro parte de una premisa, o mejor dicho una hipótesis, que es ¿por qué las mujeres carecen de tanta confianza en ellas mismas? En el libro, se indica que por lo general, cuando se trata de alcanzar un puesto de responsabilidad un hombre primero se posiciona como la persona experta capaz de abordar el puesto con total confianza, mientras que las mujeres reflexionamos mucho antes de aceptar dicho puesto de responsabilidad, y sólo si nos sentimos plenamente preparadas, nos atreveremos a solicitarlo. Es en ese momento en el que aparece la duda, cuando las mujeres comenzamos a sentir el miedo de “ser descubiertas”. Otra característica de las mujeres que sufrimos el síndrome de la impostora es que todo se lo debemos a la suerte, invalidando cualquier talento, responsabilidad o factor de esfuerzo que nos haya hecho conseguir algún éxito. Esto también nos lo implanta mucho la sociedad misma, que sigue sin creer en nosotras, atribuyendo nuestros logros a la suerte o “al enchufe”. Os pongo un ejemplo, ¿Cuántas veces habéis oído hablar de que una actriz ha tenido que “hacer cosas” con directores para conseguir un papel? Es verdad que, por desgracia, existen directores y productores cinematográficos que se han aprovechado de su situación de poder con muchas actrices, considerándose esto ABUSO Y VIOLACIÓN. ¿Pero no estamos invalidando el talento y el esfuerzo de estas actrices dudando de ellas mismas? ¿De cuántos actores habéis escuchado lo mismo? 

En la serie de libros de Valeria, la cual estoy leyendo, se habla mucho de que Valería, la protagonista, tiene este síndrome que la sumerge en un bloqueo creativo y un proceso que la paraliza en ocasiones. Esto se ve sobre todo en el primer libro, En los zapatos de Valeria, cuando ella misma admite que cree tener el síndrome de la impostora porque está en una etapa de su vida en la que existe un bloque tanto a nivel creativo como personal A medida que vamos avanzando en la historia podemos comprobar que esto se debe tanto a su relación sentimental con Adrián, su marido, el cual no ha llegado a creer nunca en ella instándole a encontrar trabajos que no le gustan ni tienen relación con sus estudios, como a su familia, quien la infravalora por su trabajo de “artista”, insistiendo en que el trabajo de escritora es más un hobby que un trabajo que puede ser bien remunerado. Al final, las únicas personas que la apoyan son sus amigas, quienes siempre han creído en ella, y Víctor, transformado en el personaje que ha llegado para que Valeria se cuestione ciertos aspectos de su vida. Aunque realmente veremos con el tiempo que Víctor puede llegar a ser un obstáculo más en el proceso de aceptación y confianza de la protagonista. 

Volviendo al libro de Elisabeth Cadoche y Anne de Montarlot, en él se alude a que el síndrome de la impostora se asume por la herencia histórica y social que nos envuelve, ya que las mujeres hemos sido criadas en la fragilidad, bajo el mando masculino, en el ámbito privado y relegadas a los cuidados de los familiares. A nivel público, se nos ha evaluado por nuestra belleza, al mismo tiempo que por la inteligencia, siendo dos cualidades no ligadas entre sí. De ahí proviene la necesidad constante de la mujer por alcanzar la perfección para ser bien valorada a nivel social, y a ello se le suma la propia valoración de la familia, y las etiquetas que se nos pegan como “la inteligente”, “la guapa”, “la talentosa”, etc. La ansiedad por no defraudar se hace cada vez más fuerte, pudiendo desembocar en este síndrome. 

Ahora hablaré a nivel personal, algo que me gusta mucho hacer en mis publicaciones por si alguien puede llegar a sentirse identificada conmigo. En mi círculo, yo siempre he tenido el papel de la mujer que sacaba buenas notas y era habilidosa. Por supuesto, eso me ha creado una desconfianza constante por la idea de no querer defraudar a nadie. Siempre he sentido que las expectativas estaban muy altas conmigo, y cuando he sentido que no podía lograrlo me ha invadido la sensación de inutilidad, de que de alguna manera iba a ser expuesta y la gente iba a acabar siendo consciente de mi falta de talento. Lo mismo me ha pasado con la escritura, siempre he guardado como bajo sumario todo lo que escribía por miedo a que si alguien lo leyera viera que realmente no era tan buena, he atribuido mis logros a la buena suerte y he dejado que algunas personas también lo hicieran, no defendiendo mi valía. 

De esto es de lo que habla el libro. y se acompaña de consejos de profesionales para poder superarlo. Según las autoras, el primer paso es aceptarlo y hablar de ello, dejar la culpa de cómo nos sentimos a un lado y asumir que es algo completamente normal y válido. A partir de ahí se inicia el ejercicio de identificar cuáles son las actitudes que nos limitan en este problema para deconstruirnos. Otro de los pasos es ir a nuestro ritmo, realmente esto es un proceso terapéutico de ensayo error, donde el fallo está permitido, y la evolución se ve en los pequeños pasitos de hormiga que vamos dando. Por supuesto, es indispensable saber rodearse de personas que nos hacen bien, que nos apoyan, confían en nosotras y nos permiten caer en cualquier punto, siendo una mano a la que coger para impulsarnos de nuevo al intento. Y ante todo, como citan Elisabeth Cadoche y Anne de Montarlot, es imposible avanzar en una sociedad donde las mujeres siguen teniendo menos cargos de poder, siguen cobrando menos y sus profesiones siguen siendo las menos valoradas, por lo que un cambio a nivel social supondría un avance gigantesco en este común síndrome que nos asola. 

Espero que os haya gustado, decidme en comentarios si vosotras también sentís que tenéis este síndrome, o si habéis pasado por ello en alguna etapa de vuestra vida. Y como decía la escritora Louisa May Alcott, no tengáis miedo a la tormenta porque estamos aprendiendo a navegar nuestro propio barco. 

¡Un abrazo!

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