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Fracasar en pleno siglo XXI es triunfar

¿Abrazar el fracaso es ahora el nuevo punto de partida para comenzar una nueva senda? Cuantas veces hemos escuchado la frase “persigue tus sueños y lo lograrás”, “Si quieres puedes”. Bien, querides, por fin se empieza a popularizar que, a veces, por mucho que se quiera no es posible. Que no todo el mundo podemos ser grandes triunfadores o ejercer de aquello que soñamos. Igual por eso los sueños sueños son y, por mucho que insistamos, no somos capaces de lograrlo.

Considero que es importante ejercer la introspección individual. Conocer cuales son tus aspiraciones y tus capacidades. De igual modo, conocer tus límites, miedos e inseguridades. A partir de ahí, poner el foco, proyectar y remar contra viento y marea pero, ¿qué pasa cuando lo intentamos mil veces y nunca lo alcanzamos? Que nos frustramos y pensamos que no valemos, que somos insuficientes y nos decepcionamos. La decepción o el bajón personal por algo que no ha sido resuelto de la forma esperada o soñada produce una sensación de vacío, desorientación e incluso confusión. Es absolutamente lícito, sentirse así, creo que parte del proceso de autoconocimiento y mejora parte de esa sensación de hundimiento e inestabilidad. Tú contigo mismo o misma y tus pensamientos. Dialogando desde la coherencia y la objetividad. Nunca partamos desde la autodestrucción. Si llegamos a ese punto, hay que replantearse acudir a ayuda psicológica para obtener herramientas de ayuda.

En muchas otras ocasiones, el miedo al fracaso no parte de nosotros mismos o mismas sino que parte del miedo a sentir que hemos fracaso para familiares, amigos, pareja, etc. En multitud de ocasiones sentimos mucha más presión por el qué nos dirán nuestros seres queridos ante nuestro fracaso que nosotros mismos. Este pensamiento premeditado de “regañina”, “enfado”, o “decepción” hace que la sensación de malestar en nuestra persona sea aún superior lo cual, nos puede llegar a generar ansiedad y desasosiego. Los progenitores al tener descendencia intentan proyectar aquellas acciones, carreras o aficiones que en su infancia, adolescencia, etc. no pudieron ejercer, y, por ello, proyectan en sus hijos e hijas lo que ellos no pudieron ser. Este sucedo puede ser un acierto, puesto que coincide o por el contrario, puede que se esté generando una carga emocional convirtiéndose en “tengo que hacerlo o conseguirlo para que mis padres estén orgullosos” cuando en realidad debería estar haciéndolo para que yo me realice como profesional y, sobre todo, como persona. Cuando no se sigue dicha línea o proyección se considera como “rebeldía” o “descamino”. Nos cuesta entender que cada persona es un mundo y gestiona su vida, su tiempo y su mente de forma diferente.

Lo que para mí puede suponer el fracaso para otra persona puede suponer un triunfo. No hay mayor acto de rebeldía que plantar cara a tus propios monstruos para acallar las voces que nos atormentan. Cuando nadamos en el mar nunca avanzamos en línea recta, la marea nos agita, nos balancea, nos orienta hacía otro lado. Iniciar una ruta de senderismo por la montaña es toda una ventura porque de una senda se bifurcan en dos a mitad del camino y así, sucesivamente.

Con este discurso no pretendo derrocar las ilusiones de nadie. Simplemente quiero transmitir la idea de que hay que luchar por lo que se quiere, pero ante todo hay que sanarse a uno mismo siendo consciente de que a lo mejor no se consigue lo esperado. El camino consiste en obtener las herramientas necesarias para esclarecer hasta dónde puedes llegar y hasta dónde es un derrota segura y que por tanto, hay que para y cambiar la estrategia. Si es necesario nos instalaremos en la zona de confort (para eso está) para descansar, para respirar y coger una brújula de la vida y buscar otro camino por el que tener ilusión.

Querides, vida solo hay una, y el tiempo pasa tan rápido que no somos conscientes. No perdamos tiempo en algo que nos está haciendo vernos como un muñeco del juego de los Sims andando contra un muro sin ser consciente de lo que está pasando. Indaguemos en las cosas, probad horizontes nuevos. Hay más cosas que hacer que tiempo o vida. Permitámonos procrastinar si el cuerpo lo pide. Basta de sentirnos mal por no hacer nada, por no ser productivos. Ese constructo nos ha hecho generarnos mucho estrés en situaciones en las que no podíamos más. Y cuando caíamos enfermos, el cuerpo no estaba avisando de que necesitábamos parar. Muchas veces pensamos que no necesitamos ir al terapia, que no nos pasa nada, etc. La respuesta es que no tenemos tiempo de ser conscientes de que no estamos bien, de que necesitamos un “break para un coffe”.

Os invito a reflexionar sobre vuestros fracasos, enfocándolos como una pausa en el camino y como esa bifurcación en la senda que ha permitido adentraros a otro camino. A veces, las cosas pasan porque tienen que pasar. El no a un proyecto artístico que te hacía mucha ilusión, el no a ese casting que tanto soñabas, ese suspenso en selectividad que te impidió entrar a la carrera que pensabas que era la correcta, el no a la pedida de noviazgo con alguien, el no a una hipoteca, etc. etc. etc.

Vivimos en una sociedad sobre expuesta por las RRSS en las que todo tiempo vemos ejemplos de positivismo, gente triunfando, gente teniendo vidas idílicas, etc. y eso nos afecta porque por muy fuerte que creamos ser, no podemos evitar compararnos y pensar “Yo por qué no tengo esa vida”. Cuidado con la sobrexposición de las RRSS, las envidias y el miedo a no estar a la altura. En definitiva, tener la consciencia tranquila cuando nos vayamos a la cama, creo que es el mejor triunfo vital de uno mismo.

Autor: Marc Chagall

Título original: La création de l’homme

Estilo: Modernismo

Año: 1958

Técnica: Óleo

Soporte: Tabla

Se encuentra en: Museo Marc-Chagall, Niza, Francia

Esta es una de la pintura religiosas más formales y pensadas del artista, por supuesto lejos del canon académico, pero estricto en el canon de la simbología judeo-cristiana. Se trata del relato bíblico del Génesis y parte de los evangelios, donde Dios completa la creación del hombre.

El cielo se presenta con luz amarilla y un sol rojo, sobre el cual gira el pueblo judío, desde antiguo, hasta la crucifixión. La parte baja muestra Adán en brazos del ángel, en medio de la creación. (https://www.todocuadros.es/pintores-famosos/chagall/)

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