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Lola Herrera sigue brillando con «Cinco horas con Mario» como hace 42 años

La flamante actriz Lola Herrera, está a punto de cerrar temporada en el teatro el próximo 21 de marzo, concluyendo con su regreso a las tablas tras 42 años del exitoso estreno del clásico Cinco Horas con Mario de Miguel Delibes, representándose por primera vez el 26 de noviembre de 1979 en el Teatro Marquina de Madrid. Esta vez vuelve a escena de nuevo encarnando el personaje de Carmen Sotillo, personaje que tanto éxito le propició en su momento. En esta ocasión, la obra se ha realizado en una versión menos dramática. La dirección de nuevo irá a cargo de Josefina Molina y la producción será de José Sámano. Debido a las circunstancias sanitarias y la situación de desconcierto e inseguridad en la que nos encontramos, es un lujo que no todos y todas podemos tener al alcance de nuestra mano. Aún así, el pasado 26 de febrero de 2021 tuve la suerte de poder disfrutar de la cultura que ofrece este país e ir al teatro, concretamente al Teatro Bellas Artes situado entre las instalaciones del Círculo de Bellas Artes ubicado en la Calle del Marqués de Casa Riera, 2, 28014 en Madrid.

El teatro sigue todas las medidas de seguridad establecidas por el gobierno, todas y cada una de ellas llevadas a cabo con orden y seguridad, el público acudió entusiasmado y con sed de cultura debido a estos tiempos de escasez. La sala estaba llena, todas las entradas agotadas para todo el fin de semana – entiéndase el aforo lleno, como expresión, pues el teatro respetó el aforo permitido dejándolo a la mitad y respetando las distancias de seguridad pertinentes para evitar contagios –. Con una puntualidad inglesa, siendo las 20:00 horas de la tarde de aquel primaveral viernes de febrero, daba inicio el espectáculo. Tras el telón, la actriz luce una peluca morena al más puro estilo capilar del siglo XX y ropa negra; va de luto, en sus pies un tacón alto, de igual modo, negro. Silencio y expectación en el graderío.

La trama de la obra Cinco horas con Mario no adquiere un corte político como tal, aunque pueda parecerlo, pues no defiende ni habla de ninguna ideología concreta, pero, sí es cierto que el contexto sociocultural de la obra se rige por los ideales políticos de la España del siglo XX, pero que más bien hacen alusión a los formatos sociales de aquel siglo, y más concretamente a los del año 1966. La obra está representada por un único personaje femenino, aludiendo al papel de la mujer en aquella España, lidiada y dirigida por hombres, construida en una sociedad española regida por el patriarcado, relegando a la mujer a tareas domésticas, roles de mujeres como esposas de y madres de los hijos de sus maridos. Por tanto, Delibes aprovechó esta situación para, a través de la figura de Carmen Sotillo, una mujer que acaba de enviudar de forma inesperada, reflejar la España de entonces.  La obra comienza una vez las familias y visitantes que acudieron al velatorio se marchan, Sotillo encauza un diálogo con su marido aún ubicado en el féretro. En dicha conversación de manera reiterativa y juiciosa Carmen, le reprocha a su marido sus preocupaciones económicas, religiosas, políticas, sexuales y morales. El discurso de la obra hoy día puede sonarnos anticuado, fuerte o machista, pero hay que entender y mirar el espectáculo con los ojos de Delibes, pues él, solo proyectó el fiel reflejo de la época que le tocó vivir. El novelista siempre partía de un localismo concreto para encarnar la figura de sus personajes y sus conflictos a través de la realidad más profunda y compleja que condicionan nuestra vida, sea la época que sea.

Con respecto a la escenografía escogida para la obra, se organiza en un espacio rectangular, como punto central del escenario, encontramos el ataúd de aquel que sería su marido yacente, Mario, y alrededor de este, se distribuyen por el escenario de forma semicircular mobiliario doméstico de derecha a izquierda, cerrando el semicírculo con la silla y el escritorio de Mario. En ese espacio, sentada, será donde Lola Herrera iniciará la obra. En voz en off, o en grabación, como prefieran, comienza Carmen a narrar sus pensamientos mientras guarda, tira y organiza las cosas del escritorio, del que hasta ese momento había sido su marido. Tras unos minutos, empieza a narrar las primeras frases del guion, con una gran dicción y entonación, apoyándose de un microfoneado casi inapreciable.

Tiempo después se levanta y con brío lanza los tacones al aire y se descalza. Un gesto tan cotidiano y simple, pero que denotó la fuerza de una mujer cargada de resentimiento, tristeza y reproches que lanzarles a su marido, y para ello, no hay mejor forma, que acoplarse calzado de estar por casa, cómodo y llano para pisar con fuerza las tablas. La cuenta atrás se activaba dejando pasar los 80 minutos previstos de obra en los que Herrera, se marcaría su tragicómico monólogo. No creáis que, por estar sola en escena apoyada de unos cuantos muebles, el escenario se veía vacío, todo lo contrario, durante todo el transcurso de la obra, la actriz discurría de una silla a otra, se acercaría al féretro de su marido para remarcarle sus argumentos de forma más personal y se colocaría con elegancia y rabia un chal a juego con su atuendo solemne.

El juego lumínico diseñado por Manuel Maldonado ofrecía a la escenografía un efecto de habitación burguesa del siglo XX. Para explicar dicha iluminación de la obra, he organizado en dos partes la empleabilidad de la luz en la escena:

En la primera parte adquiere un formato más estático, optando por una iluminación general acogiendo todos los objetos y todo el escenario rectangular que habían delimitado.

En la segunda mitad de la obra hasta el final, la luz iba variando en intensidad, resaltando ciertas partes y objetos e incluso, a la propia actriz en función de la acción y del texto. Acentuando la presencia de la actriz en algunos momentos, oscurecido todo el escenario y resaltando la figura de ella y del féretro. La luz favorecía a la escenografía realizada por Rafael Palmero, resaltando el color morado del ataúd y, conjugando con él, de nuevo, el color morado de los tapices diseñados por Emilio Ardura. Color que, observando el mes que iniciamos, marzo, nos viene a la perfección para asociarlo con la lucha por la igualdad de género. El morado, el color de la lucha feminista.

 Sin duda, Miguel Delibes con esta obra, pretendía hacer eco de los desajustes de la sociedad de su tiempo, mostrando al público la lucha que ahora nos concierne ¿Estaría orgulloso Delibes del éxito de su obra hoy día? ¿Y de todo cuanto se está logrando por aquello que él, de manera implícita, reivindicaba en su obra? Lo que sin duda está claro es que, no os podéis perder a Lola Herrera sobre el escenario, porque desprende una luz magistral, una fuerza inmensurable. Y, además, la obra no deja indiferente a nadie, al salir de aquel mágico lugar, será inevitable reflexionar ante aquello que acabaréis de ver.

– Los teatros os esperan –

Nicolás Gallego Fernández

Fotografías extraídas de la página oficial del Teatro Bellas Artes de Madrid: https://www.teatrobellasartes.es/obra-de-teatro/cinco-horas-con-mario/

Fotografías extraídas de la página oficial del Teatro Bellas Artes de Madrid: https://www.teatrobellasartes.es/obra-de-teatro/cinco-horas-con-mario/

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